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Entrenamiento

12 Historias de romances en el gym

Os hemos pedido que nos contarais cuantas veces os han sacado los colores en el gimnasio, y no por estar haciendo cardio.

A veces, lanzarse a coquetear con un completo extraño puede salirte caro. Quien no arriesga no gana ¿verdad? aunque a menudo parece que las cosas no van a salir bien…

Estos son nuestros momentos favoritos de romances incómodos en el gimnasio que mas vergüenza ajena te harán sentir.

1. Las pastillas Quema-Grasa

Solía entrenar en un gimnasio que tenía una pista de atletismo cubierta. Un chico comenzó a sonreír y pensé que me miraba a mí, así que le devolví la sonrisa mientras corría por la pista. Al pasar de nuevo por su lado me llamo.

Pensé que mi suerte estaba echada, pero no,… estaba a dieta y había empezado a  tomar unas pastillas para quemar grasa. Para mi horror, note demasiado tarde que tenía una… em… mancha en mis pantalones y, que, en realidad se estaba riendo de mí.

A parte de eso, nunca tuve suerte,… ¡citas, gimnasio, vida!

– Anthony O’Reagan

2. La clase de spinning que salió mal

“A principios del año pasado, estaba hablando con un amigo sobre las mejores maneras de ligar con chicas en un gimnasio, y él pensó que sería una buena idea asistir a una clase de spinning porque, según él,” siempre están llenas de chicas”.

Me subí a una de las bicicletas junto a una chica increíble que pensé que me estaba mirando (probablemente no lo estaba). Mi corazón empezó a acelerarse, al finalizar la clase me baje de la bicicleta y de repente me empecé a marear y…  me desmayé.

Lo siguiente que recuerdo es que me desperté con todos a mí alrededor sin saber lo que sucedió.

¡No hace falta decir que no conseguí a la chica y que nunca he vuelto a una clase de spinning! ”

– Harry Chambers

3. Los pantalones traicioneros

“Llevaba mirando a un chico de mi gimnasio durante aproximadamente 3 a 4 semanas, siempre sonriéndole.  Pensé que llegaría al siguiente nivel al pedirle que me ayudase a hacer sentadillas.

Ese día me había puesto mis mallas rosas favoritas y más favorecedoras porque sabía que estaría allí, pero no me di cuenta de que tenían un pequeño agujero en ellas.

Todo iba bien hasta que empecé a bajar para hacer la sentadilla y escuché el sonido de mis mallas rasgándose. Justo a lo largo de la costura del bajo. Me sentí avergonzada y traté de ser guay y reírme, pero él no lo hizo.

Así que terminé mi serie e inmediatamente salí del gimnasio. No lo he visto desde entonces”.

– Rhianna Mann

4. El ligón graciosillo

“Estaba comentado que hoy era “un buen día” con mis amigos en nuestro grupo de WhatsApp.

Todo iba bien ese martes, hasta que empecé a hablar con un chica muy guapa que estaba haciendo sentadillas junto a mí. Hoy es “un buen día”, recuerdo.

Entonces, estoy allí tratando de ligar con la chica, mientras ella hace sus ejercicios, cuando mis compañeros entran en la sala de pesas. Estoy hablando con ella y noto como ellos comienzan a mirarnos y a reír. Así que yo, el inmaduro del grupo, les grito

“Es genial, estoy ligando”. Al oír esto, la chica con la que estaba hablando me mira y se marcha, dejándome a un lado de la sala y mis compañeros frente a mí riéndose a carcajadas.

Está claro que nunca he hablado con aquella chica desde entonces y evitamos todo contacto visual”.

–Dan Masters

5. El gran golpe

“Hace unos cinco años, estaba en el gimnasio enviando mensajes de texto a la chica con la que iba a tener una primera cita más tarde ese mismo día. Como estaba distraído, dejé caer una pesa de 20 kg directamente en mi dedo gordo del pie.

Al principio, me dolió mucho. Fue ese tipo de dolor donde tu cuerpo y tus ojos se tensan y ni siquiera puedes gritar porque ya te has quedado sin aliento en ese momento.

Además, no hubiese gritado en el gimnasio de todos modos. Decidí continuar con mi entrenamiento como si nada hubiera pasado, pero después de una repetición en el press de banca, pude ver que algo pasaba.

Me quité la zapatilla y vi que mi calcetín estaba completamente rojo. Me acerque como pude a un entrenador y le pregunté si tenían Primeros Auxilios, teniendo que explicar lo que había sucedido.

No solo tuve que ir a urgencias y cancelar la cita, sino que durante un mes tuve que caminar con un zapato especial para la hinchazón, con la parte superior cortada para que el dedo pudiera respirar.

Sin embargo, durante este tiempo, conseguí una cita con esa misma chica”.

– Ryan Plant

6. Cita a tres

“Hace poco tuve una “cita de gimnasio” con una chica y decidimos ir a un gimnasio diferente al que solíamos ir.

Ambos acordamos que sería mejor mantener la cita en secreto para evitar cualquier cotilleo, ya que era aún era pronto para contarlo, por lo que cuando uno de mis amigos escucho que íbamos al gimnasio, asumió que era solo un entrenamiento casual, ¡vino con nosotros!

Así que ahí estoy yo, mi cita… y mi amigo torpe. ¡No obtuve una segunda cita!”

– John Gilchrist

7. El elefante del gimnasio

“Entrené durante la mayor parte del año con un chico joven y entusiasta entrenador en un gimnasio de alta gama. En realidad era un chico muy bueno, joven y también tenía un cuerpazo.

Además, él solía corregirme y ayudarme, sique mejoré mucho. Solía, intencionadamente, hacer bromas inapropiadas para que se sonrojase, porque eran las 6 de la mañana y, sinceramente, mi mente vive en las nubes, pero nos llevamos muy bien.

Sin embargo, siempre había un momento incómodo cuando ponía la barra en mi espalda para hacer zancadas y ahí estaba, em… algo que se interponía entre nosotros.

No hace falta decir que estaba perplejo por el hecho de que me riese a carcajadas cada vez que hacíamos zancadas (pronto se convertían en lágrimas de dolor), incluso mi marido veía el lado gracioso”.

– Ruth Brownst

8. El castañazo

“Me di cuenta que estaba en el gimnasio el chico que me gusta, de modo que tuve que parar de hacer sentadillas porque me daba vergüenza… Para evitarlo, fui a la parte posterior del gimnasio y en su lugar empecé a hacer remo en polea alta con cuerda hasta que de repente la polea se rompió.

Estaba cambiando el peso y el mango de metal pesado literalmente cayó justo encima de mi cabeza, el grito fue escandaloso. (Afortunadamente mi cerebro está bien).

Todos miraron, incluso alguien apagó la música para ver qué pasó. Y Ahí estoy sentada en el suelo rojo como un tomate mientras veo directamente a este chico. Aunque me avergoncé muchísimo y perdí un par de neuronas, ahora estamos hablando, ¡así que tal vez no fue para tanto!”

– Aline Arnold

9. El descarado

“Bien, encontré un chico a través de Tinder, y vi que una de sus fotos estaba en el gimnasio en el que yo entrenaba. Pensé, vaya, esto podría ser incómodo, pero nunca lo había visto allí, así que adelante. (Entreno a las 6 de la mañana, y mi vista no es muy buena).

Empezamos a charlar, y finalmente nos damos cuenta de que él iba al mismo gimnasio que yo. Entonces, el día anterior a nuestra cita, fue a entrenar exactamente a la misma hora que yo, se coloco cerca de mí intentando torpemente iniciar una conversación.

Literalmente se acercó sin que me diera cuenta y de repente, boom estaba en el banco justo detrás de mí. No dijo hola ni nada. Tuvimos la conversación más incómoda del mundo gracias al sudor y los gruñidos entre series.

No hace falta decir que la cita no fue muy bien. Y no me he encontrado con él desde entonces”.

– Abigail Aldhous

10. El guiño incómodo

“Me enamoré de un chico más joven con el que entrené como parte de un equipo de levantamiento de pesas (era el favorito de la mayoría de chicas del equipo).

Calculo que tendría unos veinticinco años y empecé a coquetear de forma inofensiva con él.

Era educado, descubrí que en realidad tenía 19 años, me detuve y sentí que necesitaba una ducha muy fría.

La semana siguiente estábamos entrenando como de costumbre yo estaba con la mirada perdida descansando y de repente, no me había dado cuenta de que estaba mirando en su dirección cuando mi ojo comenzó a temblar.

Pensó que le estaba guiñando un ojo y seguido me guiñó el ojo repetidas veces. Al principio no lo entendí hasta que mi amigo me dio la pista. Me reí y me volví para guiñarle el ojo, pero admitiré que mis guiños no son de ninguna manera sexy o seductores. Todo lo que pude hacer es mirar como su rostro se volvía con horror ante mi torpe rostro. Terminó su entrenamiento, se fue, dejó el equipo y no lo he visto desde entonces”.

– Christina Coughenour

11. La mancuerna asesina

“Después de unas semanas en el gimnasio note que comenzó a venir una chica guapa. ¡Intenté impresionarla cogiendo el máximo peso posible con las mancuernas y casi termino muriendo!

Eran tan pesadas ​​que las tiré al suelo casi golpeando sus dedos. Hay que tener en cuenta que mancuernas de 40 kg cada una, al soltarlas, salieron disparadas. Ahora ella me mirarme mal y evita entrenar en un radio de 5 metros de mí… es un mundo duro”.

– Miles Thompson

12. El chico guay

“Voy caminando por el gimnasio, de la mejor forma posible porque vi que estaba cerca de la jaula de sentadillas la chica que tanto me gusta.

Era mi primer día de pierna, tratando de ser gracioso, pero también de impresionarla, le puse 60kg a la barra, le guiñé un ojo y le dije: “voy a calentar un poco”, di un paso hacia atrás y de repente mi pie se quedo atrapado, me caigo y suelto la barra haciendo un gran ruido.

Me puse completamente rojo e inmediatamente me fui. Nunca he hablado con ella desde entonces.

– Joe Davies

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Bernardo Lourenco

Bernardo Lourenco

Editor e Escritor

Apasionado por marketing de contenidos. Mi ilusión es que cada artículo pueda dar las herramientas necesarias para que cada uno logre sus objetivos y sueños


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